3. Hermenéutica en los padres de la Iglesia
Contenido
Tercer tema del curso de hermenéutica.
Hermenéutica judeo-helenista
La hermenéutica se desarrolló en el helenismo; el judaísmo helenista la aplicó a la Escritura:
- Filón, Teodoto y Ezequiel escriben poemas a partir de las historias de la Escritura, con forma griega.
- Aristóbulo (II a. C.) habla sobre la fiesta de Pascua y el precepto del sábado atendiendo al cosmos; también de los antropomorfismos de Dios y de algunas traducciones de la Torah previas a la de los LXX.
- Demetrio (III a. C.) intenta hacer una cronología bíblica.
- Aristeas reconstruye la vida de Job, prescindiendo del Job impaciente.
- Eupólemo compuso una historia de Israel, desde Moisés a Salomón.
- Pseudo-Eupólemo modifica Gn para explicar que Abrahám propagó la astrología a Fenicia y Egipto.
- Artapano (II a. C.) cambia con libertad las narraciones bíblicas para sus propias explicaciones.
El judaísmo helenista, a diferencia del de Israel, entendía el Pentateuco como un cuerpo legislativo, basado en una divinidad más próxima a la filosofía que a la revelación del Sinaí. Gran parte de la literatura judía tenía un propósito apologético de defensa del judaísmo; no para los gentiles, sino para los correligionarios. Destacan Josefo, Tácito y, sobre todo, Filón de Alejandría. Este pretende unificar filosofía y exégesis alegórica de la Escritura para unir a gentiles y judíos. Con su alegoría platónica (=pirámidal) y mosáica (con elementos bíblicos). Escribió:
- Comentarios alegóricos: Gn y Ex, con referencia a otros libros del Pentateuco; con mucha libertad. Centrados en Moisés como filósofo, no como legislador.
- Exposiciones de la ley: Lógica y sistemática, agrupando temas y con digresiones externas.
Filón trata la cosmología, antropología y psicología. El templo es símbolo del mundo; los colores de la vestidura del sumo sacerdote, los cuatro elementos naturales; Adán símbolo de inteligencia; Eva, de la sensibilidad; los animales, de las pasiones… Filón influyó mucho en la exégesis patrística; sobre todo en la alejandrina. Se ordena siguiendo los dos grupos de Filón y se acepta hacer varias interpretaciones alegóricas de una misma figura.
Hermenéutica patrística
Premisas históricas
Unidad de los dos Testamentos, en la base de la exégesis cristiana. En el ámbito griego, en Alejandría, destaca Orígenes, tendiente a la alegoría. En contra, estará Antioquía, tendiente a la literalidad (Teodoro de Mopsuestia). Los padres capadocios (Gregorio de Nisa, Basilio el Grande y Gregorio Nacieanceno) son los que tienen un mayor equilibrio teológico y exegético.
El occidente latino, tanto en exégesis como en teología, es heredero de los orientales. A pesar de las sospechas sobre Orígenes, éste se siguió en Occidente. Además, la pobreza cultural de Occidente llevó a un mayor equilibrio en la exégesis. Al no haber debate apasionado, y gracias a Agustín, el pensamiento occidental alcanzó gran riqueza y un tono más sapiencial. Destaca Gregorio Magno.
Los Padres entendían que la Escritura tenía siempre un segundo significado, pero cada uno lo identifica con la problemática concreta de su lugar y momento. Ante un mismo texto, el mismo Padre podía aplicar distintos métodos para llegar a distintas respuestas, sin que supusieran un problema las contradicciones o incoherencias. Lo importante es lo que el texto podía decir al momento concreto.
Los Padres siempre relacionaban ese significado con la fe ortodoxosa y la comunión de amor en la Iglesia. Los interrogantes llegan del entorno, no del propio texto, y aquí destacan, en sucesión de interrogantes: (1) Orígenes; (2) Eusebio de Cesarea; (3) Padres capadocios y Juan Crisóstomo; (4) Jerónimo, Agustín y Gregorio Magno. Destacan también los que conectaron la exégesis con la mistagogía sacramental: Cirilo de Jerusalén y Ambrosio de Milán.
Entre la tipología y la alegoría
J. Daniélou y H. de Lubac discutieron si el método exegético de los Padres se podía reducir a una lectura tipología o era más alegórica. En el modelo tipológico, el segundo significado del texto tiene como objeto el misterio de Cristo. Así, el sentido del autor se puede entender como profecía, figura o sombra del sentido querido por Dios; i. e., el Christus totus, el misterio de Cristo y de la Iglesia. Hay cinco grandes modelos diferentes:
- Cristo en su vida terrena o modelo mateano: Se identifican los textos del A. T. con hechos de la vida de Jesús.
- Cristo en los misterios que llevó a cumplimiento: arca de Noé, diluvio, cordero pascual, serpiente de bronce, figura de David…
- Cristo en los misterios celebrados en la liturgia: figuras del A. T. que representan gestos y palabras propios de los sacramentos de la Iglesia, sobre todo los de iniciación.
- Cristo en los misterios de la vida espiritual del cristiano: figuras del A. T. que representan lo que el creyente puede hacer para completar lo que le falta a la Pasión de Cristo.
- Cristo en el misterio de su retorno glorioso: bebe del Apocalipsis. Lee las figuras del A. T. como profecías o preanuncios del fin de los tiempos.
En el modelo alegórico, se entiende que Cristo mismo es el exégeta: conforme nos unimos a él, descubrimos los misterios escondidos del A. T.; es un descubrir progresivo. En resumen: «Littera gesta docet; quid credas, allegoria; moralis, quid agas; quo tendas, anagogia». Orígenes desarrolló la cuestión anagógica, llegando a tres sentidos de la escritura: (1) el de la historia salutis —significado somático o sentido literal—, propio del pueblo hebreo; (2) el psíquico (spiritualis o moralis), propio de la Iglesia; (3) y el pneumático (mystikós), propio de la realidad escatológica del Reino futuro. También se podía entender el misterio de Cristo como caput et membra. Aquí el sentido (1) somático (corporeus) se refiere a la literalidad, (2) el sentido psíquico (alegórico) al misterio global cuerpo de Cristo/Iglesia; y (3) el sentido pneumático (mystikós) a cada uno de los bautizados, como miembros del mismo cuerpo de Cristo/Iglesia.
La lectio divina
Es un proceso que incluye los métodos anteriores, centrándose en la práxis del trabajo y que aúna el trabajo objetivo con la interioridad del sujeto que lo estudia. El primero que lo sintetizó fue Gregorio Magno, y se desarrolló mucho en la vida monástica. Tiene los siguientes elementos:
- Lectura atenta del texto: se buscaba la mejor versión del texto. Se atendía a la prosopología, a la expresión, a los estilos y las figuras retóricas. También se ubica el texto en el conjunto unitario de los dos Testamentos y se estudiaba su adecuación inicial con el depositum fidei. Para todo esto, el exégeta debía estar libre de pasionies y con serenidad. La búsqueda del sentido terminaba cuando se alcanzaba la utilitas para la vida concreta del creyente o la comunidad. El agape de Cristo, en el corazón y mente del exégeta, le impedían fallar en la comprensión del texto.
- Collatio de los textos: Se buscaba el contacto entre lo que estaba presente en el texto y su adecuación al conjunto de los dos Testamentos y al depositum fidei. Cuanta más memoria Scripturarum tuviera el exégeta, y mayor mirada de fe, mayor sería su capacidad de hacer la collatio.
- Rumiar el texto: Implica reposo, paz, soledad y silencio; se hace de modo misterioso y casi automático. Es una cierta espera en pasividad, hasta que aparezca lo novum como dado.
- El careo: Cuando el texto quedaba iluminado por los dos Testamentos y el depositum fidei, éste le revelaba al exégeta su sentido oculto, como una «epifanía» de la verdad. Ahora es el texto el que juzga al exégeta.
- La oratio: implica un «discurso» o «sermón», pues la verdad tenía que salir a la luz. Esta puede ser alabanza, plegaria o acción de gracias. Entra aquí también la contemplatio medieval.
Por último destaca en la lectio divina el uso de un vir Dei; es decir, contrastar e iluminar el texto bíblico con un «hombre de Dios», que tendría en sí grabada la ley de Dios.
La exégesis en la Iglesia
Los santos Padres no eran como los exégetas actuales. Hacían la exégesis con intenciones pastoral o apologéticas y lo hacían en el contexto de la Iglesia, no en un ambiente solitario. La producción homilética de los Padres se daba en el contexto litúrgico y se entendía que ésta se daba gracias al Espíritu, que actuaba en la asamblea, empeñada en «cumplir y escuchar» el sentido de las Escrituras.
La tradición, para los Padres, no era la repetición mecánica de verdades propuestas. La Escritura era un modo como la Palabra de Dios se hace presente; pero también lo era el individuo histórico Jesús, y la comunidad concreta de la Iglesia cristiana. Por tanto, los Padres debían mantener la armonía entre estas modalidades de presencia; solo ahí se puede dar una interpretación legítima y auténtica de la Escritura. La Escritura también tenía las prerrogativas propias de las otras dos modalidades. Así, tenía una dimensión «sacramental», pues en ella respiraba el Espíritu: su comprensión implicaba una afectación en la fe y en la vida del creyente.
Mientras nosotros, en la actualidad, intentamos situar el texto en el contexto y la intencionalidad del autor original, para los Padres bastaba con una contemporaneidad con el misterio. Decían: «factum audivimus, mysterium requiramus». Esto permitía relacionar textos «distantes» en una exégesis correcta, pero sugestivos, para la intuición artística o espiritual. Por último, la unidad de la Escritura, entendida casi como un organismo vivo, lleno del Espíritu, permitía encontrar al Espíritu mismo en la mínima parte del texto, cargándolo de significado, por pertenecer a la totalidad de la Escritura.
Hermenéutica medieval
Cuatro sentidos del texto bíblico: «Littera gesta docet, quid credas allegoria,
moralis quid agas, quo tendas, anagogia»:
- La palabra te enseña el hecho. Jerusalén
- La alegoría, lo que hay que creer. La Iglesia
- La moral, lo que tienes que hacer. Cuidar el alma
- La anagogía, a lo que debes tender. El cielo
La exégesis se da en los monasterios (lectio divina) y en las escuelas monásticas y catedralicias. Se escriben Catenae (fragmentos de comentarios de Padres de la Iglesia unidos sobre pasajes concretos de la Escritura) y Glossae (notas marginales al texto sagrado). Destaca la Abadía de San Victor, con Andrés, que acudía a los rabinos de la época, o Hugo, totalmente centrado en el sentido alegórico o espiritual.
Se busca conocer bien el sentido literal, para luego pasar al espiritual; con una «justa proporción» entre los dos. Buenaventura tiende a la alegoría; Tomás de Aquino a la literalidad. La clave está en encontrar el mensaje revelado en el conjunto de los textos; no en uno u otro, y eso dificulta la interpretación. La norma fundamental es la regula fidei (regla de la fe), ya presente en la patrística: prevalece siempre la fe de la Iglesia.
Vimos un comentario de santo Tomás a la carta los Gálatas; concretamente, el prólogo y la primera lección (Gal 1,1-5). Santo Tomás va desgranando la carta, ciñéndose casi siempre al texto; comenta su estructura y orden, y hace teología y moral a partir ahí. No pasa casi nunca al plano alegórico.